¿quién gana y quién queda afuera?
¿La inteligencia artificial va a achicar la desigualdad o va a hacerla más grande?
La imagen plantea dos futuros posibles. Y la diferencia entre uno y otro merece tanta atención como los avances tecnológicos.
La IA puede acercar conocimiento, educación y herramientas de trabajo a personas que antes no podían acceder a ellos. Puede ayudar a un pequeño negocio a hacer cosas que antes requerían un equipo entero.
Pero ese potencial convive con una pregunta incómoda: ¿qué pasa con quienes pierden su trabajo antes de tener la oportunidad de aprender otro?
No todos parten del mismo lugar. Tener acceso a una herramienta no significa contar con el tiempo, la formación o los recursos para aprovecharla.
Y si la productividad aumenta, ¿cómo se reparten esos beneficios? ¿Se traducen en mejores ingresos, menos horas de trabajo y servicios más accesibles? ¿O quedan concentrados en pocas manos?
El resultado también dependerá de decisiones empresariales, educativas y políticas.
Celebrar lo que la IA puede hacer es fácil. Prepararnos para lo que puede cambiar exige bastante más.
¿Estamos preparando a la gente para esa transformación a la misma velocidad con la que estamos desarrollando la tecnología?