A mí me resulta mucho más fácil transmitir lo que tengo en la cabeza hablando que escribiendo.
Y con la IA hago eso: le hablo.
Pensalo como una reunión de trabajo con un colaborador. Le contás qué necesitás, le das contexto, explicás qué querés lograr.
¿Te fuiste por las ramas? Volvés.
¿Te contradecís en el camino? No pasa nada: corregís y seguís.
"Pará, eso que te dije recién, mejor hagámoslo de otra manera."
No hace falta que la idea salga perfectamente ordenada desde el principio. Muchas veces, al explicarla, vos mismo terminás de entender qué querés.
Después le pedís que ordene lo conversado y revisás si entendió bien.
Para mí, es una de las "magias" de la IA: poder trabajar con nuestras propias palabras.
Probá explicarle lo que necesitás como se lo explicarías a alguien que trabaja con vos.