Con la inteligencia artificial pienso algo parecido.
Podemos acceder a la misma herramienta. Pero cada uno llega con una experiencia distinta para decidir qué pedir, qué preguntar después y qué hacer con la respuesta.
Lo viví durante años con Excel. Saber una fórmula me ayudaba a resolver una parte del trabajo. Armar un flujo de fondos útil exigía, además, entender qué información necesitaba, cómo organizarla y qué supuestos estaba usando.
Con la IA, esa experiencia sigue teniendo valor.
Cuando le pido que trabaje con información administrativa, tengo que explicarle qué representa cada dato, qué necesito resolver y qué criterios debe respetar. Después tengo que revisar si el resultado tiene sentido.
Mis años de experiencia también aparecen ahí: en una pregunta que se me ocurre hacer, en un número que me llama la atención o en una conclusión que prefiero comprobar.
Por eso me interesa tanto aprender a usar estas herramientas. Me permiten hacer más con lo que sé y me muestran cuánto me queda por aprender.
La guitarra importa. Y todas las horas que pasaste tocando también.