A mí me resulta más fácil sacar una idea de la cabeza hablando que escribiendo.
La cuento, doy un ejemplo, me corrijo. Mientras hablo, la voy ordenando.
Y eso es lo que más me sorprende de la IA: puedo empezar así, conversando.
Esto tengo. Esto necesito. Esto me preocupa.
La magia está en que el bicho comprende el lenguaje humano.
Hablar claro, darle contexto y construir el pedido juntos. Después, revisar lo que devuelve.